“Hola, Soy Berti.
Uno de los nuevos cuidix que conocerás en el segundo libro de los cuidix.
Te adelanto el primer capitulo para que te animes después a leerlo entero.
Aquí conocerás a cuatro cuidix nuevos. A mi amiga Adri, que es de color rosa y a su hermano, Sergi, que es de color azul oscuro. A mi hermano Johnny, que es de color verde oscuro y a mi, que soy amarilla. Y podrás descubrir nuestros poderes y nuestra relación con tus amigos, Teli, Ossi, Charly y Ander. Todos juntos vamos a vivir una aventura increíble.”
CAPITULO I
RECORDANDO
Teli se encontraba de nuevo espiando a través de la rejilla del aire acondicionado de su habitación preferida del hospital, la numero 311 en la planta de los niños.
Muchas cosas habían cambiado en poco tiempo. Tras la increíble aventura que había vivido junto a su hermana Ossi y sus primos gemelos Ander y Charly, Teli veía las cosas de una manera completamente diferente.
Se sentía mayor y no porque tuviera ya 8 años. Hacía sólo cinco días que los había cumplido. Pero desde que volvieron de la misión cuidix dentro del cuerpo de su pequeña amiga Mara, las cosas eran distintas.
Para empezar ya no estaba sola. Un diminuto y gracioso gusanito al que ella había bautizado con el nombre de su antiguo amigo invisible: Caligury, la acompañaba a todas partes subido a la aleta de su pie. Mientras lo miraba cariñosa el gusanito la pilló y rápido le preguntó:
- ¿Qué ocurre Teli?
- Me encanta que estés conmigo Caligury.
- Con quien crees que voy a estar mejor… no será con Charly…
- Ja, ja, ja. No me refería a que estuvieras con otro cuidix, Caligury. Me estaba acordando de la aventura tan emocionante que tuvimos juntos, donde nos conocimos y descubrí mi poder cuidix.
- Bueno Teli… con un poco menos de miedo habría estado mejor ¿no?
El gusanito no olvidaba fácilmente el momento en que su querida amiguita Teli, fue casi devorada por la bacteria asesina que había infectado a Mara.
- El miedo no sirve para nada Caligury…
- Bueno… con menos “sustos” habría sido mejor, Teli – intentó explicarse mejor el gusanito.
- Nos fue genial Caligury. Conseguimos vencer a la bacteria madre y curar a la niña.
- Si, entre todos…- contestó el gusanito a la vez que abría sus labios en una gran sonrisa.
Entre los antibióticos de los médicos, las defensas del cuerpo de Mara, el poder de la mente de la niña enferma que creyó en su curación, y por supuesto con el trabajo de los cuidix, entre los que se incluía muy feliz Caligury, habían conseguido que Mara se curara.
- Si no te tuviera conmigo Caligury, podría llegar a pensar que sólo fue un maravilloso sueño.
- Maravilloso porque me encontraste a mi, ¿verdad?
- Ja, ja, ja…claro. Y también porque descubrí por fin qué significa ser un cuidix. No por tener un poder como creía antes, si no porque puedo ayudar a alguien que está enfermo. Ha sido genial ver como Mara se ponía bien.
- Si, era una muchachita muy linda. ¿Recuerdas cómo no paraba de mirar a la rejilla del aire acondicionado y nos hacía caras raras?
- Sonreía Caligury, lo que hacía era sonreír.
- Ja, ja, ja. Al principio nos mandaba sonrisas pero fue cogiendo confianza cuando una loca morada que conozco, le contestaba con destellos luminosos nasales y luego eran… ¡caras raras! –se reía el gusanito.
- Jugaba con nosotros Caligury. Me alegro mucho de que esté curada y en su casa pero, la voy a echar mucho de menos.
- Si, yo también. Ja, ja, ja…
- ¿De qué te ríes ahora gusanito loco?
- Me estoy acordando de la cara de la mami de Mara cuando se iban y nuestra amiguita no paraba de mandarnos besos hacia la rejilla. Creo que pensó que a su hija se le había ido la cabeza.
La pequeña Teli recordaba muy bien el día que se fue su querida amiguita Mara ya recuperada. Lejos de reírse al recordar lo cariñosa que había sido, sintió un calor muy fuerte en su corazón y le dijo muy despacio a su mejor amigo:
- Me encanta ser un cuidix, Caligury.
- A mi también me gusta ser un cuidix Teli – le contestó también despacito su amiguito.
El gusanito, mientras hablaba, acarició la medallita dorada que el gran linfocito T le había dado como premio por su intervención en la gran aventura. Fue precisamente Caligury quien les recordó a todos la importancia del trabajo unido en equipo.
- Y gracias a esta medalla podré acompañarte en otras misiones y seguir siendo un cuidix ¿verdad, Teli? – añadió Caligury repentinamente preocupado.
- Si, Caligury. Espero que mis padres no me tengan castigada mucho tiempo. Después, gracias a esa medallita especial podrás acompañarme siempre. No te preocupes.
Pero Teli cambió la expresión de su rostro. Ahora unas profundas arruguitas habían aparecido entre sus ojos y su boca ya no dibujaba ninguna sonrisa. Por supuesto, su querido amiguito Caligury se dio cuenta, rápido, de que algo no iba bien.
- ¿Qué pasa Teli? ¿Crees que tus padres te tendrán castigada mucho tiempo?
Teli movió seria la cabeza y Caligury improvisó una broma para su amiguita:
- ¿Crees que tus padres no te dejarán llevar a tu mejor amigo contigo en la próxima misión cuidix, aunque sea un gusanito muy listo?
Caligury intentaba hacerle sonreír de nuevo pero no lo conseguía. Sabía que algo iba mal. Y cuando Teli levantó los ojos para mirarlo, supo que no se equivocaba, porque estaban muy tristes.
- Por favor Teli, dime que pasa. ¿Por qué te has puesto así de triste de repente?
- No estoy triste de repente Caligury. Estoy preocupada y cada vez más.
- ¿Preocupada por qué?
- ¿Sabes por qué Ossi ha dejado que me quede aquí, en mi habitación preferida, lejos de todos los cuidix, Caligury?
- Eso es fácil, Teli. Te lo dijo ella mismo. No quiere que nadie me vea a mí antes de que tus padres sepan toda la aventura. Tu hermana parecía preocupada de que los demás cuidix se enterarán de todo antes que tus padres o tus tíos. ¿No estás de acuerdo?
- Si, Caligury. Yo también quiero que mis padres se enteren de nuestra aventura por nosotros directamente y no por otros pero, yo no creo que Ossi esté preocupada por eso, si no por…otra cosa.
Teli se quedó en silencio, mordiéndose el labio inferior, haciendo que el gusanito se pusiera más y más nervioso.
¿A que se refería Teli?, se preguntó Caligury. ¿Qué es lo que preocupaba tanto a su amiguita que le costaba tanto de confesar?