“Hola, Soy Ossi.
Te invito a leer el primer libro de los cuidix. Es nuestra primera gran aventura.
Mis primos Ander y Charly, mi hermana Teli y yo, nos hemos metido dentro del cuerpo de una niña enferma llamada Mara, para ayudar a las medicinas de los médicos a curarla. El problema es que hemos entrado sólos, sin estar acompañados de ningún cuidix adulto que nos haga de guía y para mi hermana pequeña, además es la primera misión cuidix de su vida, y ni tan siquiera sabe cuál es su poder cuidix.
¡En menudo lío nos hemos metido! ¡Con la cantidad de peligros que encierra el cuerpo humano!
¿Crees que podremos salvar a la niña enferma?
Te invito a correr aventuras con nosotros, los cuidix, dentro de Mara. Descubrirás los secretos del cuerpo de los humanos, detalles sobre cómo funciona y sobre sus defensas así como lo que le puede atacar.
Y lo más importante, si nos acompañas verás cómo mi querida hermanita Teli, descubre su poder y lo que significa ser un cuidix.
A lo mejor después, tú también descubres que quieres ser un cuidix como nosotros.
ANÍMATE Y ACOMPÁÑANOS. TE ESPERAMOS.”
CAPITULO I
TELI
Las aventuras más increíbles suelen comenzar mucho antes de que uno se dé realmente cuenta de lo que le está pasando. Y así fue como se inició la más grande y fascinante de las aventuras en la vida de Teli, sin que ella se diera cuenta de ello, sólo de que tenía ganas de llorar y, como no quería que la viera ningún cuidix, emprendió una veloz carrera por el túnel de la ventilación hacia su rincón preferido del hospital: la habitación número 311.
Era la más tranquila y silenciosa del tercer piso, en el pasillo de los niños. Siendo la más alejada del centro de enfermeras, casi no se oían los ruidos del hospital y siempre era la última habitación en ocuparse. A Teli le encantaba esconderse en ella. Era más grande de lo habitual, la única de todo el pasillo que en lugar de una pared a los pies de la cama tenía una puerta corrediza que daba a una pequeña sala de estar con varios sofás, mesitas y muchas estanterías repletas de cuentos y lápices para colorear.
A nivel del techo se podía ver la rejilla del agujero de salida del aire acondicionado. Hasta allí llegó corriendo Teli y, dando un traspiés, casi sin ver nada por culpa de las lágrimas, acabó cayendo directamente sobre la estantería central. El grito de dolor que soltó al aterrizar lo habría oído cualquiera en la pequeña habitación, pero tuvo su pequeña dosis de suerte del día y estaba vacía.
Sentada sobre dos bonitos libros de animales, Teli alcanzaba tan sólo el tamaño de una pequeña hormiga. Toda ella era de color morado, con la cara redondeada, grandes y hermosos ojos muy expresivos y una nariz que parecía una bombilla, porque se encendía sola en la oscuridad. Su pelo largo, recogido en dos simpáticas coletas, le daba un aire muy travieso.
Al levantar la vista hacia la rejilla situada en lo alto de la pared, casi tocando el techo y tan lejos de ella, se preguntó por qué no le había dado tiempo de abrir sus alas. Todo su pequeño cuerpo le dolía por el golpe y, aunque no había encendido la luz de su nariz, podía ver gracias a los reflejos que, en forma de gigantescos dedos de luz, atravesaban las persianas de los ventanales de la habitación.
De todas formas, no necesitaba mucha luz, se conocía de memoria cada centímetro de esa habitación; era su lugar preferido para esconderse. Allí podía hablar con su amigo invisible, Caligury, su mejor amigo. Necesitaba contarle que estaba triste, muy triste, como nunca antes lo había estado, porque era un día diferente a los demás… Hoy era el cumpleaños de Teli ¡Cumplía ocho años y sus padres seguían sin dejarle entrar todavía en ningún humano, en una misión cuidix!
— ¡Estoy harta de ser un cuidix, Caligury! Mamá dice que es algo especial y que lo entenderé cuando entre por primera vez en un humano, pero nunca me deja hacerlo. ¿Por qué no tengo yo ningún poder, Caligury?
Pero su amigo Caligury, que sólo vivía en su imaginación, no podía contestarle y ella se echó a llorar.
Los cuidix pertenecen a una raza de extraordinarios y diminutos seres que viven, secretamente, en los túneles de la ventilación de los hospitales. Están dotados de poderes especiales para luchar contra las enfermedades. Cada uno de esos increíbles poderes viene asociado al color del cuidix y, por ello, hay cuidix de todos los colores y tonalidades del arco iris, cada uno con su poder especial.
Su misión es ayudar a los médicos y sus medicinas para poder cuidar, proteger y curar a las personas enfermas que están allí. Y a todos los cuidix les encanta ser un cuidix. A todos, a todos… menos a uno. Y es que Teli es un Cuidix un poco especial.
Porque Teli, al nacer, deslumbró a toda la comunidad de cuidix. Hacía muchos años que nadie veía… ¡Un cuidix morado! Todos pensaron que de esa forma tendría el poder del fuego de su madre (que es roja) y el poder de la invisibilidad de su padre (que es azul). ¡Un cuidix con dos poderes! Sólo pensarlo era un sueño.
Pero la realidad fue muy diferente y Teli no tenía ni uno ni otro poder y, hasta hoy nadie, ni ella misma, conoce el secreto que encierra su color morado. Y por eso, a pesar de que todos los cuidix iniciaban sus viajes dentro de los humanos cuando eran muy pequeños, a Teli, con ocho años, sus padres no la habían llevado todavía con ellos.
¿Seguiría ella sin saber qué significa ser un cuidix?